Las profesiones de atención a las personas están expuestas de forma continuada a situaciones de alto impacto emocional que pueden generar frustración, cansancio y desgaste físico y psicológico. Por ello, hoy sabemos que la formación técnica, aunque es imprescindible, no es suficiente: también es necesario disponer de recursos personales y espacios de autocuidado que ayuden a sostener la labor asistencial de manera saludable.
Desde la teoría polivagal y las aportaciones recientes de la neurobiología de la relación terapéutica, entendemos mejor cómo nuestro sistema nervioso responde ante el estrés y cómo la regulación emocional influye directamente en la calidad de la atención. Desarrollar la autoconciencia, la capacidad de regulación y una actitud compasiva hacia uno mismo y hacia los demás favorece no solo el bienestar del profesional, sino también una relación terapéutica más segura, presente y eficaz.
Metodología
La metodología será eminentemente práctica y vivencial, combinando breves contenidos teóricos con dinámicas experienciales, ejercicios corporales y de regulación, espacios de reflexión compartida y trabajo sobre situaciones reales de la práctica profesional.